La amanita muscaria es uno de los psicotrópicos más antiguos que se conocen. Ya el legendario Soma de la India, del que hay referencias del 500 a.C., se preparaba a base de este popular hongo. Y lo más importante: como los regalos de navidad, crece al amparo de abetos, pinos, o coníferas en general.
A ver qué les parece esta historia: En muchas culturas chamánicas
del norte de Europa el fin del invierno y el retorno del Sol y la vida (lo que
es el solsticio invernal o nuestra navidad) se celebrara con una curiosa tradición.
El chamán del pueblo, vestido de rojo y blanco (como las amanitas), va
de casa en casa con un saco lleno de dichas setas. Entra por las chimeneas y
las pone en bolsas (quien dice bolsas dice calcetines) al calor del hogar, lugar
ideal para que queden bien secas. Después se las dan de comer a sus renos
para luego beber sus orines. El muscimol, principio activo de la amanita, pasa
limpiamente a través de los riñones, pero no la muscarina, sustancia
de desagradables efectos secundarios. Ahora, los renos son susceptibles a los
efectos de la amanita, de hecho parecen volar.
No me pregunten cómo, pues yo casi prefiero ignorar, esta tradición
ha podido degenerar hasta llegar a lo que actualmente son nuestras navidades.
El chamán de chamanes que resulta ser Papá Noel se mezcla sin
pudor con la historia de un obispo turco amante de los niños, a los que
siempre regalaba algo por navidades, que vivió en el siglo IV (Santa
Klaus) creando un disparatado personaje que ya no nos brinda amanitas sino Coca
Cola mientras se descojona (jo! jo! jo!) para celebrar el nacimiento del niño
Dios. Quizá alguien pudiera decir: es otra manifestación de lo
sincrético. Ni de coña, es un jodido engendro, y el fenómeno
que lo causa debiera llamarse mercantilismo mitológico.
Porque el hecho sincrético es en sí mismo sinérgico. Oshún
vs. Nuestra Señora de la Caridad, el orisha frente al santo, cuando estos
elementos se fusionan no pierden su carácter primigenio sino que pasan
a representar manifestaciones concretas de una entidad superior, en este caso
el principio de la fertilidad, sexualidad y vitalidad, el eros. Todo lo contrario,
en nuestra abominable navidad la resultante, ese jodido engendro bebedor de
cola, el todo, es menos que cada una de las partes.
Escrito por W.Manjacaprini bajo la influencia del reno meón
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