“UNA HORA CON STEFEN ZWEIG”, de Antonio Tabares. Dirigida por Sergi Belbel

 Teatro Circo de Marte. Santa Cruz de la Palma, Viernes, 11 de Diciembre.

Crónica de Jordi Solsona

 

Christiaan Barnard estuvo anoche en el Teatro Circo de Marte en Santa Cruz de la Palma. Sí, el primer humano que trasplantó un corazón. Hay que ser muy buen cirujano y comprender en profundidad la naturaleza del corazón para atraverse. Barnard lo hizo, quiero decir, Antonio Tabares lo hizo. Pocas personas como él conocen con tanta meticulosidad los entresijos de este complicado músculo y su conexión con la razón.

Una hora con Stefen Zweig es una hora que desborda, que rebosa. Un texto hondo, milimétrico, troppo vero, porque desnuda la naturaleza del ser humano hasta mostrarla en carne viva. Una obra de arte. Arte colectivo además. Arte coral. Arte en mayúsculas. Talento y excelencia dramática.

Anoche salí del teatro estremecido. Boquiabierto por lo que acababa de ver. Una belleza que te penetra hasta desmontarte. Pero también vi algo más. Vi al autor con y en su pueblo. Me emocioné. En la calle el público lo aplaudió. Y en la terraza del restaurante también. La Palma. El mundo. El universo y la magia del teatro y del talento.

Voy por partes. 'Una hora con Stefen Zweig' relata la última hora de ese literato alemán y judío en su exilio en Brasil. Él y su joven esposa acabarían ahí con su vida. Cuando el dolor y la tristeza no dejan espacio ni tan siquiera a la esperanza, puede ocurrir eso. Antes reciben una inesperada visita.

Bajo esa trama argumental Antonio Tabares utiliza a Montesquieu, Balzac, William Blake como argumentario razonado. Todo ello para enfrentar la pasión con la razón, el corazón con la capacidad de discernir. Y a otro nivel, quizás el más profundo, esta ella, Lotte, el AMOR, la transformación, la inteligencia, lo extraordinario, lo que trasciende. ¡Qué barbaridad! ¡Cuánto amor el de Antonio hacia la mujer! ¡Cuánto respeto! ¡Cuánto reconocimiento! Emocionante es poco.

La profundidad del texto permite varios niveles de atención. Cada cual elige el suyo según gustos o capacidades. En la terraza donde cené con Silvia había una mesa en la que otro grupo de espectadores debatían cómodamente la obra de Antonio, incluso el trabajo del director. ¡Fuerte lujo! Todo eso hace posible el teatro.

Sigo con el director. Sergi Belbel es Antonio Tabares y viceversa. El texto bien hubiera podido salir de la pluma del catalán. Intensidad, arquitectura y harmonía en iguales proporciones. ¿Acaso tienen ellos la pócima secreta? No importa, la comparten con el público. Un trabajo de dirección decía, exquisito. Sobrio, suave, denso, dulce… Hasta el éxtasis en un in crescendo digno de conservarse en un museo. Sergi es un doctorado en la dirección de actores. Otro Barnard. Lo que hace con Zweig es orfebrería y alquimia. Con Lotte budú, budú ancestral cuyo efecto estalla ante el espectador hasta llevarlo al éxtasis. Con el invitado se revuelva en el exceso y la obsesión. Mágico todo. Un mecanismo de relojería suiza.

Y acabo con los actores y la actriz. Magistrales. Sencillamente magníficos en sus trabajos. Imposible dar más o mejor. Belbel los exprime hasta conseguir la ambrosía.

Ambrosía para nosotros, el público, que fuimos los auténticos dioses terrenos que disfrutamos de ese manjar. Gracias Antonio, gracias Sergi, gracias actores, actriz, técnicos, por deleitarnos con manjar tan suculento. Eso es respeto. Eso es teatro. eso es arte. Gracias.

Estreno de la nueva obra de Antonio Tabares en Santa Cruz de La Palma