El gran secreto de la policía y el Carnaval de Tenerife

Un relato carnavalesco de David González Martín

Nota previa: lo que publicamos a continuación es un relato corto escrito por David González Martín, por tanto, todo lo que cuenta es ficticio.

Por fin ha llegado el Carnaval en Santa Cruz de Tenerife. Ha pasado más de un mes desde las vacaciones de Navidad. Pero estas no son del todo “vacaciones” para un estudiante universitario. Exámenes, trabajos finales, entregas,... Yo también desearía salir a la fiesta de los disfraces, si no fuera por lo que descubrí semanas atrás. Y es que no sabía que el Carnaval de Tenerife era uno de los más peligrosos en el mundo, aunque lo traten de ocultar.

No tenía ni idea de ello cuando salí hace unos días de la biblioteca CajaCanarias (ULL), por encima de Padre Anchieta. Ya eran pasadas las diez de la noche, terminaba de estudiar después de una larga tarde. Me despedí de mis amigos, que se quedarían un par de horas más empollando, recogí los apuntes y abandoné el edificio. Y ya afuera, justo en frente de mí, al otro lado de la calle, me llamó la atención un dibujo de un rayo rojo y azul sobre un trozo de cartón.

Efectivamente. Era el rayo icónico de David Bowie, el gran artista que falleció hace unas semanas. En el pedazo de cartón también se podían leer unas líneas que decían “HOMENAJE CARNAVAL 2016” junto al hashtag “”, todo firmado por las iniciales “D.R.J.”.

Me resultó, cuanto menos, curioso. Pues en uno de los descansos durante la tarde de estudio, mis compañeros y yo habíamos estado hablando del Carnaval y de disfraces. Dio la casualidad que barajamos a Bowie como uno de ellos, puesto que la temática este 2016 se fija en los años 80 y ¡qué figura ochentera más representativa que la del cantante británico!

No obstante, hubo algo más que captó mi atención: una nota pegada sobre el cartón a modo de poema. Fue a partir de entonces cuando, sin saberlo, comenzaría a preocuparme por el Carnaval.


        

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


Esta nota tan amenazadora fue lo que me llevó a indagar, esa misma noche, información sobre casos conflictivos en nuestro carnaval. Justo cuando estaba a punto de concluir con la búsqueda, me topé con la web de una compañía de teatro en Navarra cuya obra principal se titula “Asesinato en el Carnaval de Tenerife”. Ya había pasado la medianoche, estaba agotado y leer aquel título me provocó un gran escalofrío. Apagué el portátil antes de que mi imaginación terminara por alucinar y me fui a la cama.

Me desperté a la mañana siguiente y aun persistía la misma inquietud en mi mente –el dichoso poema-. Aproveché ese día para contar la anécdota durante el almuerzo. Fue mi padre quien me habló de unos supuestos asesinatos que habían transcurrido en la isla durante la fiesta carnavalera, “hace ya muchos años”, de los que nunca se supo nada. Simples rumores.

Esos “simples rumores” continuaron perturbando mi cabeza. Mi instinto de periodista me sentó, de nuevo, frente a la pantalla del ordenador. Investigué más acerca de posibles asesinatos en Tenerife durante su mayor fiesta. No encontré ni una sola noticia que hiciera mención a esto, pero no me di por vencido.

Descolgué el teléfono fijo y marqué el número del gabinete de prensa del Cabildo de Tenerife. Aprovecharía la excusa de “estudiante de Grado en Periodismo que está llevando a cabo una investigación, para su trabajo de fin de grado, sobre el tratamiento que los medios de comunicación han realizado sobre distintas controversias a lo largo de la historia del carnaval en la isla”. Y parece que esta coartada asustó a quien me respondió al otro lado de la línea, pues finalizó la llamada una vez solté aquella mentira. Volví a intentarlo. Llamé, conté lo mismo y, sin embargo, obtuve respuesta: “No estamos capacitados para abordar este tema. Lo sentimos. Buenas tardes”.

Quedé bastante extrañado ante el trato que había recibido por parte del Cabildo a través de ambas llamadas. Mi asombro, sin embargo, se convirtió en preocupación el día en que subí al mirador de Las Teresitas con un par de amigos.

Transcurría como el típico plan de cerveceo con buenas vistas...hasta que entramos en una de las casas abandonadas que hay en ruinas y contemplamos una pintura en la pared que me puso la piel de gallina: “I AM DAVID BOWIE” ("YO SOY DAVID BOWIE", en español). La firma, la misma que en el poema: “D.R.J.”.

A mis amigos esto no les supuso nada, hasta que les conté todo lo que había averiguado y lo que no… pues no sabía si me estaba obsesionando. Por suerte, a ellos también les inquietaron los hechos y, sobre todo, la escalofriante nota poética.

No dudé en llamar a aquella compañía de teatro navarra justo al llegar a casa. Quizá ellos me podrían explicar el porqué del título de su obra. Sí. Así fue cómo, de repente, me di cuenta de que había dado con diferentes piezas de un puzle que estaba sin montar. La siguiente información fue facilitada por uno de los componentes de la empresa que ha decidido mantenerse en el anonimato:

Varios miembros de esta compañía vivieron en primera persona los asesinatos transcurridos en Tenerife durante el Carnaval de 1997. Gracias a Dios, ninguno de ellos falleció, pero sí fueron testigos de varios apuñalamientos que acabaron con la vida de algunos residentes que, simplemente, habían salido a la calle a pasar un buen rato. La cantidad de gente impidió que el resto apenas se enterase de lo que allí estaba pasando. Al día siguiente, los periódicos locales no lanzaron ningún tipo de noticia en relación a esto. Denunciamos los hechos a la policía y a otras varias entidades públicas, pero nos tomaron por “godos locos” que solo vienen a “chafar” la fiesta más internacional de la isla. El guion de nuestra obra, “Asesinatos en el Carnaval de Tenerife”, se adapta a estos hechos. Tal vez, aquellos que asistan a nuestra función abandonen las butacas con la duda de “¿Y si realmente fuera verdad?”. Me alegro de que hayas llamado desde allí, desde Tenerife. Probablemente puedas conseguir más de lo que nos rechazaron a nosotros.

Esperé hasta el día siguiente para continuar averiguando. Tenía que procesar toda la información, salir de tan grande perplejidad y tranquilizarme…aunque no pude siquiera dormir durante la noche. ¿Por qué los medios no hablaron de los asesinatos? Quizá aquel hombre solo me narró una gran mentira. Quizá no...

A primera hora de la mañana, le escribí un whatsapp a una compañera periodista que ha ejercido como tal desde hace varios años escribiendo, incluso, para Diario de Avisos. Le mandé un mensaje de voz relatando todo con pelos y señales. Cuando acabé, solo se escuchó el silencio… Pasados algunos dilatados segundos, me contestó: “Creo que no soy la más indicada para contarte nada en torno a lo que me acabas de decir. Realmente, no sabría cómo. Te paso el contacto de un compañero. Pregúntale a él… Ya lo entenderás”.

Pasaron dos días hasta que su colega, publicista de profesión, me concedió un hueco en su apretada agenda. Le había comentado a través del móvil cuáles eran mis inquietudes y prefirió verme en persona. Me contó que él fue uno de las víctimas del Carnaval de 2009, cuya temática era “Cine de terror”. Justamente, sufrió la noche más terrorífica cuando un hombre vestido y pintado como David Bowie se acercó hasta él y le apuñaló por debajo del abdomen. “No sé siquiera por qué a mí, de todos los que estábamos. Quizá fue mi disfraz de la diva del momento, Lady Gaga, que también llevaba un rayo a lo Bowie”, recordó.

“No conocía para nada a este individuo. Solo recuerdo ver su rostro a pocos centímetros de mí, con una sonrisa espeluznante de lado a lado. Sentí el navajazo, un dolor indescriptible y caí redondo al suelo”. Me confesó que un grupo de policías, encabezado por una figura de autoridad en Canarias –que no se atrevió a revelarme- interrumpió en la habitación del hospital donde quedó ingresado durante tres semanas. “Me pidieron que no contase nada de lo que había ocurrido, incluso me ofrecieron una alta cantidad de dinero que rechacé, lógicamente. Parecía que se trataba de un tema bastante gordo. Acepté quedarme callado a cambio de saber qué estaba pasando. De lo contrario, contaría mi apuñalamiento durante el Carnaval a través de cualquier periódico”.

Este publicista tinerfeño, cuyo nombre me prohibió desvelar, se mostró reacio a la hora de seguir facilitándome más información. Entonces, saqué de mi bolsillo el pedazo de papel donde estaba escrito el poema que me encontré al salir de la biblioteca.

Lo apoyé encima de la mesa donde tomábamos un café. Se quedó “ojiplático” y aceptó a contarme nada más que la verdad:

Esta nota la escribió la misma persona que me apuñaló a mí, la misma que cometió los asesinatos en el Carnaval de Tenerife a finales de los 90, la misma que atacó a otro puñado de tinerfeños en el año 87. Lo sé porque aquel día en el hospital, la policía me hizo jurar que si algún día recibía una nota como esta, inmediatamente se lo hiciera saber. Este David Bowie asesino parece que comete sus crímenes cada vez que envía estos escritos espantosos a la policía local de Santa Cruz, así ocurrió en 1987 y en 1997. Para que te hagas una idea de su frivolidad, esas dos fechas corresponden con el primer concierto de Bowie en España y con su último, la retirada de los escenarios. Sin embargo, cuando me atacó a mí, en 2009, no había rastro de poemas cínicos. Quizá aprovechó la temática del cine de terror, quién sabe. Si te das cuenta, los dos años siguientes a este, los temas de la fiesta no estaban definidos. “Tenerife, historia de un Carnaval”, en 2010, y “Enrique González y las murgas de Canarias”, en 2011, nada tienen que ver con asuntos como “Roma”, “La Edad Media” o “El Futuro”. El porqué no lo sé muy bien, pero no me cabe duda de que algo de esto tuvo que influir. Y a los hechos me remito, si no busca por qué casi dejan sin funcionar el tranvía durante los carnavales de 2011 o por qué se aumentan a 900 efectivos el dispositivo de seguridad. Siempre se atribuyen méritos falsos, tanto la policía como el Gobierno. Nos hacen creer que tenemos uno de los Carnavales más seguros en el mundo, cuando hay un loco disfrazado de David Bowie matando a gente.

El tiempo se había pasado volando y, según el publicista, había muchos secretos más por contar. Tenía prisa, por lo que se despidió de mí no sin antes pasarme el número de un periodista inglés: “¿Sabes por qué ayudé a promocionar aquel cartel tan polémico en los carnavales pasados? Se recogieron muchísimas firmas del pueblo para retirarlo, mientras un grupo de profesionales y yo intentábamos dar una pista de toda esta historia. Nadie lo sabía hasta hoy. No temas, escríbele a este colega. Cuando sepas todo, me llamas y, si quieres, saltamos a los medios por lo grande, juntos. Ya esto no se puede seguir ocultado”. En ese instante no entendía la relación que podría tener aquel periodista británico en toda esta trama. Pero ya lo sabría.

   

No daba crédito. En los últimos días había estado montando un puzle de dimensiones estratosféricas. Mi familia y amigos eran los que estaban a mi lado para tranquilizarme, apoyándome a zanjar la inmensa incógnita. Un empujón de uno de ellos hizo que me decidiera a llamar, por fin, a aquel periodista inglés.

Después de su llamada, encajé todas las piezas del rompecabezas. Una verdadera trama digna de CSI que, con la mayor suerte que existe en este mundo, tengo la oportunidad de contar en este mismo instante.

En 1986, un fanático tinerfeño obsesionado con David Bowie se entera de que su ídolo celebrará su primer concierto en España un año más tarde (1987). Este seguidor del cantante era conocido en la isla porque, durante los 80, siempre salía al Carnaval disfrazado del artista. Fue un blanco de burlas. La gente se mofaba de él y de su “retraso mental”, pues se creía que era el propio Bowie. La realidad es que este individuo fue uno de los más destacados de su promoción durante la etapa de instituto, acumulando matrículas de honor, reconocimientos en olimpiadas de física y matemáticas y en concursos de literatura. El verdadero problema mental que padecía era “trastorno de personalidad” y, por ello, se hace llamar David Robert Jones (D.R.J., verdadero nombre de David Bowie).

Aprovechó la primera visita del cantante a nuestro país para vengarse de todos aquellos que se habían reído de él durante los años anteriores. En el 86 mandó a la policía poemas, como el que yo me encontré, para advertir de una forma sutil del crimen que llevaría a cabo. Fue por este motivo que el Carnaval empezó a ser tematizado a partir del 87 (“Roma”). La intención era dar fácilmente con el fanático, disfrazado siempre de Bowie, entre cientos de residentes vestidos de romanos. Pero no ocurrió así. No hubo rastro de él.

Sin embargo, el runrún de un supuesto asesino corrió entre los jóvenes de la época. Incluso salieron a la calle para manifestarse en contra de las autoridades canarias. Querían saber la verdad. Los medios y el propio Gobierno canario intentaron acallar cualquier tipo de rumor ocultando los hechos e invitando a la cantante cubana Celia Cruz a la isla. El evento congregó a miles de personas, se batieron récords, todo un éxito. Así mantendrían a la población anestesiada… y con ganas de fiesta.

Pero en 1991 ocurrió un suceso horroroso. La muerte del magnate de la comunicación Robert Maxwell saltó a las primeras planas de los periódicos locales e internacionales, quienes informaban que se había ahogado mientras estaba de vacaciones en su yate a lo largo de las costas de Tenerife.

Maxwell dominaba un grupo de medios de comunicación a nivel mundial, especialmente al diario británico Daily Mirror. Y es aquí cuando entra en juego el contacto del periodista inglés que me facilitó el publicista aquella tarde.

Este periodista, que tampoco quiere revelar su identidad, me confesó el verdadero motivo de la muerte de Robert Maxwell. El empresario murió ahogado, pero a manos de “un fan loco por David Bowie”. “Su intención era saltar a las portadas de los periódicos ingleses para que el artista británico supiera de su existencia. Aprovechó la estancia de Maxwell en la isla para asesinarlo. Su cuerpo fue encontrado junto a un papel con las iniciales D.R.J. No obstante, la prensa nunca reveló que fue un asesinato para evitar que cundiera el pánico en Tenerife y, sobre todo, para que Canarias no se quedara sin su tan preciado Carnaval. La gente no habría salido más a la calle si saben que hay un asesino rodando durante las noches de fiesta”.

En 1997, D.R.J. cometió los crímenes mortales en Santa Cruz, año que coincide con la retirada de Bowie de los escenarios. Además, la aparición del nuevo poema, este mes, también concuerda con un hecho importante: la muerte de David Bowie a principios de 2016.

Parece que todo apunta a que este asesino, que jamás han podido capturar –pero que se ha pasado por el mirador de Las Teresitas-, volverá a cundir el pánico este año…o al menos eso sugiere en la nota. Una nota que, esta vez, ha querido hacer llegar a los estudiantes directamente, a los que odia; quienes se burlaban de él cuando era adolescente.

Ya no avisa a la policía y, esta, tampoco puede alertar al Gobierno o al Cabildo. Parece que se han olvidado del Bowie asesino, tanto que han decidido tematizar el Carnaval de este año sobre “Los 80”. Y es que, el “HOMENAJE CARNAVAL 2016” que escribió D.R.J. en el trozo de cartón que me encontré por fuera de la biblioteca posee ahora el mayor sentido. Serán muchos aquellos que se disfracen de David Bowie en este Carnaval por el simple hecho de que el artista haya sido un referente cultural de los años ochenta. No obstante, ese “homenaje” del que habla el asesino es bien distinto… Le resultará más fácil pasar desapercibido en una fiesta carnavalera donde irá vestido igual que otros tantos, mientras rinde culto por la muerte de David Bowie cometiendo crímenes con puñal en mano.

La magnitud de este caso es tan elevada que, incluso, creo que hasta el propio Bowie sabía la existencia de un fanático obsesionado con él. Es muy común entre estrellas internacionales estar avisadas de este tipo de lunáticos. Tanto es así que, además de darnos pistas a través de su último disco de que se estaba muriendo, David Bowie pudo haber escrito su tema 'Lazarus' en relación a su seguidor enfermo mental. Y es que, cuando el magnate Maxwell falleció, su cuerpo fue trasladado hasta el cementerio de San Lázaro, en Gran Canaria. Una gran pista, sin mencionar la letra de la canción…

No sé hasta qué punto esto puede irse de las manos. Solo espero que esta información llegue al mayor número de personas posible. Si la seguridad canaria no quiere alertarnos de este hecho terrorífico, entonces seamos nosotros los que corramos la voz.

Ellos seguirán manipulando los medios de comunicación para que nunca se sepa la verdad. Aunque ya sea demasiado tarde. Continuarán emitiendo vídeos y anuncios con motivos de estas fiestas carnavaleras, obviando lo más importante: que un asesino andará suelto por las calles de Santa Cruz de Tenerife durante el Carnaval.

Y es que “dales pan y fiesta al pueblo, y lo mantendrás adormilado”.

 

Comentarios

Anónimo replied on

La verdad es que esto no me extraña absolutamente nada. Mi padre era policía local de santa cruz y cuando le tocaba trabajar en los carnavales, leía por curiosidad los periódicos del día siguiente y se cogí unos cabreos impresionantes por la cantidad de mentiras que decían. La mitad o menos de los actos vandálicos que ocurrían. Y las puñaladas ni se nombraban. Es increíble. Ojalá la gente empiece a enterarse. Y estoy segura de que esto no es ficticio sino real.

Lucía replied on

Es cierto. Yo he trabajado en el Hospital de Campaña en carnavales y también nod cabreamos porque atendemos más de 20 casos de apuñalamientos, broncas, etc. en una noche y no se nombra nunca en los medios de comunicación. Nos están engañando a todos.

Tone replied on

Hola los carnavales son una gran fiesta pero negativa es de borracheras y de drogas

j.c replied on

y los familiares de esos supuestos apuñalados,no tienen nada que decrr?