PALABRA DE JOB por Job Ledesma

UN OFICIO COMO OTRO CUALQUIERA

El periodismo se va a tomar por saco por una razón fundamental, y es el tremendo despiste de una generación de directivos de medios de comunicación que no se entera de nada, pero de absolutamente nada. Son jerifaltes más pendientes de los juegos de poder que de ofrecerle a sus consumidores un producto medianamente digno, sujetos que todavía están intentando comprender el impacto de Internet a estas alturas, penosos gestores que no se dan cuenta de que la solución a tanta crisis es ofrecerle al lector cosas interesantes, mira qué complicada es la solución. Si el periodismo va de culete, ¿cómo se imaginan ustedes que está la parte más precaria y desatendida de esta profesión, que es el periodismo cultural y sobre todo el musical? Pues hecha una basurita, por las mismas razones que el resto del periodismo empieza a dar pena: falta de cariño por profesionales serios, confianza en que cualquiera puede hacerlo, resultados nefastos. Genial ecuación, despiadada coctelera. No, niños, no. Como todo periodismo especializado, el musical requiere de un ejecutor mínimamente serio. Y sí, vuelco en este textillo buena parte de mi experiencia y toda mi frustración presente. Ser periodista musical -y toda persona que publica una crónica en un medio, por muy underground y alternativo que sea, está intentando ser periodista musical- requiere sobre todo de un dominio del lenguaje, de las cuatro reglas elementales del periodismo y del medio del que se quiere hablar que no es otro que la música (distinguir, como mínimo, un saxo soprano de un clarinete, por poner un ejemplo reciente). Si cualquiera con afán de protagonismo y sin formación ni rodaje se mete en la brega del cronismo de conciertos, por poner otro ejemplo reciente y polémico, sale escaldado, enfada al público y sobre todo consigue poner otra palada de tierra en la tumba de un género cada vez más desastrado. Además, a una escena como la de la música alternativa canaria le hace falta comprensión, apoyo y cariño, no ostiones en la cara de manera continua. Créanme, a este que les atormenta le llevó algo así como cinco años de pinitos periodísticos darse cuenta.

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