OTRO EPILOGO AMABLE PARA QUE por Don Benito Ladiño
Hay que ser amable y considerado, porque si les dices lo primero que has pensado,
puedes estar bien seguro de que no da resultado... Lo cantaba Mr. Roever y se
caía del escenario todo colocado.
Aprovechando el tirón me subo al carro del bufón y me descuelgo
un rato por las ranas.
Para reconocer sí que estoy hasta los cojones, qué quieren que
les diga. De alquileres disparados, de sueldos de risa, hipotecas que no pago,
facturas que me trago, del umbral de la pobreza, tomates puñalados, alimento
de superhiper que parece comida, de miles de coches por persona, de humo envenenado,
petroleado, del piche alfombrado, de podridos anuncios de ansiedad de lobos,
de engañabobos, de ojeras y caras tristes, de resacas trincado, urgentes
medios pollos y chocolate apaleado, de corporaciones dermoestéticas,
explotadores de frustrados, de los amigos de lo ajeno, del miedo al paro, del
esforzado funcionariado, caretos de políticos chachis en la tele, veinticuatro
mil veces por segundo, como en el cine, de tratamientos sintomáticos,
de gremios corporativos, sanitarios, abogados, de dos tazas de deporte para
todos, de fubolísticas gestas, el fubol es así, de anormales azules,
del discurso de ganar y machacar, apóstoles de la nueva teleología,
de desfalcos sufragados, por decreto ley, de impuestos, imposiciones, inquisiciones,
del amor a dios y al dinero, de la prensa lame libre culos, de vino de Chile
importado de canario disfrazado, mentiroso riojano, de comprar a crédito,
de la rica banca, de que sólo sea primavera en el corte inglés,
de la Telefónica de España, monopolios dando caña, del
tabaco mata, de tanto buen rollo mestizo, postizo, de negros en pateras, de
banderas, de cerdos, de cuerdos, de imperios, de amperios, de controles, de
policías, de soportar tanta estulticia y recomendar calma, de profesionales
incompetencias, de corbatas con mangas en la cosa pública, de insultos,
de que todo nos parezca una mierda, de tanta servidumbre, de tener tan buen
humor...
Dónde está la maldita gracia... de contarles otra vez lo que ya
sabían. Las palabras dan un soplo demasiado frío al calor de los
hechos.