LA CRISIS DEL MACHO IGNORANTE - Por Gonzalo Vadecraneo

Desde Jung se sabe de la importancia crucial que tienen las edades medias de la vida. Solo hacia la mitad de la vida el hombre llega a ser plenamente adulto, algo más tardíamente que la mujer. Es una edad en que cambian las normas masculinas. Menos centrado en sí mismo, en su poder y su éxito, el hombre empieza a interesarse en los demás, a manifestar atención y ternura, en fin, a expresar lo que se conoce como cualidades femeninas. Es tal vez, la edad ideal para ser padre porque, como dice Erik Erikson, es "la edad de la generatividad".

"La más perniciosa de todas las mentiras sexuales, es la creencia, casi universalmente aceptada, de que la efectividad sexual desaparece inevitablemente a medida que el ser humano envejece. Tal cosa simplemente, no es verdad" (William H. Masters y Virginia E. Johnson)
El hombre de 40-50 años: un ser ignorante en materia sexual y altamente sugestionable.
Los padres de la sexología contemporánea, W. Masters y V. Johnson afirman textualmente: "La susceptibilidad del macho humano al poder de la sugestión con respecto a su capacidad sexual, es casi increíble."
Esa sensación flotante en el aire respirado por cualquier hombre de esta edad, de temor a perder la erección, a no durar lo suficiente, a perder la virilidad, a que le digan inservible, es la causa principal de los fallos sexuales en esta edad de la crisis. La más leve alusión a la capacidad de tener una erección y sostenerla, encuentra al hombre de 40-45 años tan sensible y susceptible, que puede provocarle una brusca inhibición y desencadenarle una pérdida total o parcial de la erección. Este mismo hombre ignora que con el tiempo se le ha prolongado francamente el período refractario; necesitará minutos y, a veces horas de juego amoroso previo a una erección.
Antes, con solo mirar a alguien, ya estaba empalmado. El hombre, además de ignorar todo lo referente a su sexualidad, es terco y orgulloso. Eso quiere decir: "a mí, esto no puede sucederme". Entonces, empeñará sus fuerzas en la lucha sin cuartel contra sí mismo; cree - ingenuamente - que cuanto más esfuerzo de voluntad, mayor atención focalice y mayor espacio de su mente le dedique, solucionará mejor el problema. El resultado es la depresión: el proceso natural e involuntario reside en la no admisibilidad de los límites, de los afectos, de las nuevas necesidades de placer y satisfacción. La mayor parte de los hombres, sin duda, no comentará sus problemas con otros hombres. El camino del macho también pasa por ahí. Y si comenta, no obtendrá respuestas honestas. La hipocresía, la fanfarronería y la omnipotencia crean el clima más común entre los machos. El resultado es previsible: el hombre se siente solo, creyendo que es un caso único, excepcional y además, incurable. No es nada extraño que para calmar la ansiedad y probarse, el hombre de 40-45 tenga aventuras amorosas con mujeres a veces mucho más jóvenes que él. O incluso, que salga en repetidas oportunidades con mujeres ocasionales, pagadas, por supuesto. Como es de suponer, este método de diagnóstico y/o terapia no resulta; a veces agrava más el problema: el macho encuentra el documento de que está terminado, que ya no funciona y supone que algo grave le sucede.
También existen los que se transforman en Don Juanes seductores para darse mayor tranquilidad y confianza, los que asedian a las amigas o esposas de amigos. En el extremo, están los que frecuentan casas de masajes o saunas, o prostitutas, donde la máquina del dinero ha sustituido al afecto.. Es muy reciente la lucha contra la ignorancia. El material interesante y valioso escrito por colegas serios responsables, se mezcla con material ostentoso y burdo, con fines claramente comerciales. La represión que hemos vivido durante décadas, hace que muchas veces una sala de masajes sea la única fuente de consulta de un hombre angustiado.
La exigencia mitológica de tener el pene tieso y durar mucho tiempo, pese a tener problemas por no poder pagar la luz y el gas a fin de mes, o haber sido despedido del trabajo, sigue haciendo estragos en los hombres de esta edad.