A propósito de Sidonie.

Nunca he entendido demasiado el inusitado éxito de Sidonie; o quizá nunca he querido entenderlo: un hit impuesto desde la radio fórmula que acaba cautivando al público. ¿ La tan ansiada tabla de salvación de la música española independiente?. No nos engañemos: su aportación al imaginario musical de este país no va a pasar a los anales de la historia, si bien es cierto que en su repertorio cuenta con canciones con gancho, y tienen oficio, algo de lo que no pueden presumir muchos grupos de este país. ¿ Pero son éstas razones suficientes para que los augurios de los medios se cumplan?.

Con estos “a prioris” acudí a la cita del OCA el pasado fin se semana, para comprobar in situ las virtudes del dichoso grupo. Tras las actuaciones de La Pista Búlgara y Les Philippes, unos sorprendentes The Long Blondes dieron paso a lo que sería la última actuación de la noche. El combo catalán se hizo esperar, y tras los acostumbrados problemas con el sonido, salieron al escenario luciendo sus mejores galas, esta vez en formato cuarteto. Como si de unos Santiago Segura se tratará, comenzaron con más pena que gloria la promoción de su último disco, un trabajo donde parecen, a tenor de lo escuchado, haber abandonado los sonidos rockeros y psicodélicos con los que debutaron, por melodías más pop y menos guitarreras.

La primera mitad del concierto se desarrolló bajo esta coordenadas, alternando canciones nuevas con éxitos pretéritos, que hacían que gente situada las primeras filas, movidos más por las ganas de pasarlo bien y los efluvios alcohólicos, mantuviera los músculos en constante movimiento, mientras el resto contemplábamos atónitos el soporífero espectáculo. Tras un versión del I´ll be your mirror de The Velvet Underground, carente de la componente sensual que le imprimía la sin par Nico, el grupo comenzó a tirar de su primer disco, con lo que dotaron al concierto de mayor intensidad y credibilidad, hasta su finalización.

No pasaron muchos minutos hasta que volvieron a salir al escenario, donde comenzaron el bis con una poderosa versión del Rebel, Rebel de Bowie, insuficiente para brillar en una noche donde los verdaderos protagonistas fueron los encargados de la seguridad de las barras, que propinaron una agresión a una persona que se encontraba entre el público, demostrando un vez más, que los músculos y la inteligencia, están más que reñidas.

Javier Dasdores de Armas