LOS CARNAVALES DE LA UNIPOL por Vector Alvarez
No se crean que
esto es una queja ante las actuaciones de la brigada de intervención
policial, brigada, dicho sea de paso, que tanto ha contribuido a la seguridad
ciudadana y a dar de comer a tantos perros (me refiero a los de su brigada perruna,
no sean mal pensados).
Bien, esto no es una queja, es una simple observación sobre los gustos
de los carnavaleros. Dicen que este año el temita del carnaval eran los
grandes musicales de Broadway y los felices años veinte. Pues eso dicen,
pero son contados los que andaban de esa manera. Los felices años veinte,
¡que ilusos! Eso no va con la actualidad, la actualidad se escribe en
clave de represión y ostia preventiva, así se explica que el disfraz
más usado en estas fiestas haya sido (desbancando a las tradicionales
ositos) el de UNIPOL. Sí, y digo el de UNIPOL porque no es lo mismo.
Una cosa es el indispensable personaje carnavalero que de polí guarrona
con megaminifalda, escotazo y tetazas, y que te para el coche a la primera de
cambio para ponerte una multa... eso es un clásico. Pero el de UNIPOL
es otro rollo. Todavía hay gente que va claramente de coña y van
con pancartas del tipo la UNIPOLLA, la GILIPOL, o cosas así. Pero lo
verdaderamente llamativo son los que se meten de veras en su papel, grupitos
de dos o tres que van por ahí con la auténtica carita de mala
leche, y que lo tratan es de acojonarte y no vacilar contigo. Todos con sus
replicas de pistolas y sus superporras (¡Viva la falocracia!). ¿En
verdad hay tanto poli reprimido? Pues no sé, pero con estas cosas hay
que tener cuidado, que igual que la famosa espiral de las drogas (empiezas fumando
pastillas y acabas chutándote mariguana), pues igual empiezas disfrazándote
de UNIPOL y acabas de portero de discoteca